La inquietud de Barro le ha empujado al cambio profesional: arquitectura, pintura, murales, escultura, literatura…
Su formación autodidacta y su diversidad creativa hacen que sus trabajos sean difíciles de etiquetar. Se encuentra bien en la exploración del mundo digital, tan lleno de recursos para la creatividad. Las portadas de sus libros son un claro ejemplo de su faceta de artista.

Ha escrito este libro de crecimiento personal como si pintara un cuadro, como si hiciera un collage. No se preocupa demasiado de reglas y estilos literarios… porque los desconoce, le es más cómodo inventarlos, deja fluir el corazón, excelente fuente de inspiración, con estilo propio, que le orienta acertadamente, a no ser que la mente empiece a intervenir demasiado.

Le es más fácil situar el acento en el sentimiento, en la risa y en la lágrima que en las estéticas literarias. Usa un lenguaje sencillo, sin argot, sin emplazamientos geográficos, así consigue un mensaje más universal, facilitando al lector sentirse más identificado con el relato, al tiempo que facilita que las traducciones sean más fieles al original.

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