Portada Libro de crecimiento personal Eva Luz
EXTRACTOS DEL LIBRO EVA LUZ
Hace tiempo que debía haberlos dejado. Cuando los conocí me atrajo su dinámica, sus modos despreocupados, joviales, alegres, desinhibidos…
Pensé que serían una terapia para superar o reducir mis estados de soledad y tristeza. Creí que levantarían mi ánimo, mis ganas de vivir, mi decaído entusiasmo. Al principio fue así, con el tiempo han ido surgiendo roces, incompatibilidades… ahora me duelen. Cuando me apretaba la soledad me refugiaba en ellos con la esperanza de que se aliviaría. Eran espejismos. En general, sus críticas, burlas y rechazos me abatían más.
Su manera de pasarlo bien, de divertirse, sus ambientes, como el de esta noche, que al principio me animaban algo, ahora me cuestan, me deprimen, me han saturado. Los encuentro frívolos, superficiales, resaltan nuestras diferencias, alejándonos aún más. Si este ambiente me hastía, ya no me concierne, ¿por qué no me marcho? Fácil, casi no me tengo en pie. Estoy hecha un guiñapo. Además, porque si me paran y me hacen soplar daré positivo en alcoholemia. Porque no tengo dinero para pagar la multa, y tal vez me retiren el carné de conducir. Y porque estoy desalentada. Todo eso me inmoviliza.
Estoy harta de ir tras ellos, de seguir a remolque en el último vagón. No es su culpa. Estoy donde no debo estar. Tengo que elegir mis propios paisajes. No aliarme con trovadores cuando a mí me gusta el jazz. No apuntarme a los proyectos de los demás que no me gustan ni me entusiasman.
Tengo que aclararme de una vez, encontrar cuál es mi camino y ponerme en marcha. Sustituir al grumete que friega la cubierta por mi guerrera interior llena de fuerza.

Pienso que Ani está en lo cierto: que todavía sigo con esa carga en mi corazón, corriendo detrás de los demás, con la imperiosa necesidad de recibir sus evaluaciones positivas, para demostrarme que valgo y soy apreciada.
Cuando las lágrimas no están en el horizonte amenazando lluvia soy otra. Se abre la válvula de escape de mi alegría contenida y explota. Canto, río, bailo, hago planes, me entusiasmo. Estoy desconocida. Con unas enormes ganas de vivir. Soy como un pajarillo que encuentra la puerta de su jaula abierta. Creo que este talante corresponde a mi carácter real, a mi yo profundo.

Esta noche la veo en gris. La añoranza y la melancolía sobrevuelan mi alma. ¿Nostalgia de qué? No lo sé, desconozco su causa, solo noto sus síntomas: abatimiento y lágrimas que luchan por aflorar en mis ojos arrastradas por un fuerte desconsuelo interno. Estas tribulaciones me han empujado a seguir con el grupo, ¿de qué me ha servido?, bueno, todo sirve para algo, por lo menos para saber que las soluciones a mis desajustes afectivos las tengo que encontrar y superar yo, que son mis lecciones intransferibles.
Esta noche estaría discurriendo como en una noche normal con el grupo: ataques y contraataques, tonterías sin sentido, exhibicionismos… acompañados del sonido de los altavoces que retumban más allá de lo soportable. Pero me está suponiendo una marejada importante. Mi guerrera interior está despertando: “¡Basta! Eva, emplea mejor tu tiempo, no lo malgastes, no lo regales, es lo más precioso que tienes. ¡No entregues tu poder!”.
¡Decidido, dejo el grupo! Esta vez va de veras. Cada vez desentonamos más, nos llevamos peor. Me recuerdan a los cachorros, pasan el tiempo medio jugando medio peleando, midiendo sus fuerzas.

Me encontraba en un espacio lleno de una resplandeciente luz blanca. Sentía que yo formaba parte de ella. En la luz aparecieron unos ojos bellísimos, su profunda mirada irradiaba un amor indescriptible. Su energía me acariciaba, me colmaba de emoción. Eran unos ojos tan conocidos... A medida que se acercaban sentía una expansión de alegría, de plenitud… entonces escuché: “Nos estamos acercando, amadísima…”. Su voz me hizo vibrar intensamente, me lle-nó de amor y paz… Me desperté llorando, con lágrimas de inconmensurable dicha. Ha finalizado mi música, vuelvo a la mesa, la pista se ha abarrotado en un momento. Bueno, voy a repartir las margaritas…

Los desaires, los rechazos, los gestos de repulsa, de hostilidad, me duelen, aunque no lo aparente. Bailo por fuera y lloro por dentro. Mi sensibilidad los percibe desde lejos, aunque vengan envueltos en papel de colores y perfumados con ironía fina. Para él son un juego, para mí no. Avivan la soledad que duerme en mí. Se me graban en el corazón y me dejan una estela de tristeza que tarda en disiparse.

-Tú te lo pierdes. Dame las llaves del coche, me voy al pueblo a comer algo.
-Denegado.
-Eres exasperante, insoportable, la mojigata del grupo. Siempre poniendo pegas, siempre negativa. No me lo dejas porque crees que me lo voy a cargar, eres una conservadora de mierda.
-Hace medio año le crujiste un faro contra una farola. Todavía estoy esperando a que me pagues la reparación que prometiste. Y por favor, modera tu lenguaje.
-Venga, no me hagas esperar, dame las llaves.
-Olvídame, piérdete, esfúmate.

-¿No nos dejarás aquí tirados?
-Ningún problema. Llamad a un taxi. No es un asunto de mi incumbencia. Esta noche es mi despedida. Siento que se haya complicado. La vida nos ha juntado, por algo será. Gracias por haberme servido de espejo mostrándome lo que tengo que dejar y lo que tengo que trabajarme, y aún más gracias por haberme hecho consciente de los brillos que llevo en mi mochila de estrellas. Suerte, os quiero a todos. -Volverás, siempre vuelves.
-Esta vez no. Mi guerrera interior ha despertado. Se ha puesto en pie, se ha erguido, ha activado mi fuerza. Gracias por compartir vuestra sabiduría conmigo... a vuestra manera. Que os vaya bonito.

¡Cielos qué descanso!, al fin sola. Menos mal que el coche funciona. “Mi coche hermoso, resiste los malos tratos que esta noche te ha dado el grupo y consigue trasladarme hasta casa”.
Bien, es una etapa que finaliza. Me toca distanciarme. He llamado muchas veces a sus corazones, y han continuado sin descorrer el cerrojo… pisoteando mis principios. Hemos aprendido las lecciones que teníamos que pasar juntos. Nuestra relación nos ha crecido. Ahora tengo que cambiar el disco.
En ocasiones les he juzgado olvidando que en su corazón late la misma luz que tenemos todos en nuestro interior, que tengo yo. Tras sus chabacanerías late su luz. Tras sus concursos de egos late su luz. Tras su palabrería superficial, cargada de segundas intenciones, late su luz. Tras su humor burlón, ácido y desdeñoso late su pulsante luz, y en su caminar irá abrillantándose hasta que se conviertan en resplandecientes y luminosos faros.
Ahora inicio otra singladura. Es tiempo de cambios, de sentir nuevos horizontes. Estoy ilusionada con poner en marcha los retos que estaban frenados, en parte, por la falta del tiempo y dinero que dedicaba al grupo.

¿Dónde estoy? ¡Parece que se hunde la casa! Qué estruendo. ¡Son las ocho! He dormido solo dos horas… Es el angelito de la vecina, trabajando en su banquito de carpintero. La criaturita se lo pasa en grande pegando golpes. Su madre ha colocado su fábrica de ruidos junto a la pared contigua a mi cama. Tiene un asunto comunitario pendiente conmigo. ¡Qué ramillete de vecinos!
Así no hay quien duerma. La libertad de cada uno termina donde empieza la de los demás. Bueno, si los chicos del coro no me dejan estudiar, cantaré con ellos. Tengo hambre, voy a ver si encuentro algo para comer. Comiendo se me apaciguará el malhumor ocasionado por los golpecitos. Qué temperatura tan gélida. Sin agua la calefacción no funciona. El piso parece un iglú. Lo resuelvo a base de atiborrarme de calcetines, jerséis y guantes. Muy incómodo. Si fuera una osa, no necesitaría todo este arsenal, ni con temperaturas de cincuenta grados bajo cero, lleva puesta la calefacción encima. Añoro el buen tiempo, con frío no soy nadie, me aletarga.
Rastrearé todos los armarios en busca de algún manjar perdido. Qué escasez más patética. ¡Una galleta! Nada, es la tapa de un bote de olivas, testigo de una época de prosperidad. Una cebolla podrida, qué pestazo, a la basura, una caja de huevos llena de aire. ¡Un piñón! Lo voy a hacer durar hasta convertirlo en un sorbete, de tanto pasearlo por la boca, umm, qué buen sabor tiene. En su tiempo de gloria y esplendor, este armario había sido un rico yacimiento de frutos secos… Gracias, abuela, por tu herencia, me acostumbraste a añadir unas gotitas de elixir de humor a las situaciones difíciles.
Las continuas campañas de ayunos por escasez econó-mica han ido transformando todo lo vendible en pan, aceite y cebolla. La nevera, la cadena musical, la cámara digital, la televisión, el portátil… han ido cayendo, vendidas de segunda mano al mejor postor, para saciar el hambre de mi genuino y exigente estómago. El piso ha ido tomando un aspecto espacial, como de estepa desértica. Los visitantes, cada vez menos frecuentes, me preguntan si estoy de mudanzas. Compro de estreno y cuando estoy en bancarrota y con hambruna vendo a precios de regalo. Y en esas raras ocasiones en que me sobra un dinero, repongo. Es un sistema ruinoso. Eso era antes, ya no renuevo, me he acostumbrado a vivir al día, en plan carromato ambulante, sin apenas objetos, pertenencias, ligera de equipaje.
Ir estrecha de fondos ha simplificado mi vida, la ha hecho más sencilla. Ha suprimido costumbres y cacharros que implicaban obligaciones innecesarias. Intentaré que los nuevos cambios no empleen mi tiempo, sino que lo liberen. Las cosas hay que arreglarlas, limpiarles el polvo, lavarlas, y ordenarlas, gastan tiempo y espacio. Los conocidos han ido dejando de venir a visitarme. Para encontrarse a gusto necesitan estar junto a un objeto productor de imágenes o sonidos, la televisión, el portátil, la cadena musical… y aquí no encuentran ese aliciente.
Cuando a mis visitantes se les ocurre pasearse por la cocina, husmeando algo para llevarse a la boca y ejercitar sus mandíbulas, se desilusionan al no encontrar la nevera. La echan a faltar. Lo entiendo. A mí también me sucede, a pesar de estar curtida.
Su inconsciente sabe que el cofre de la comida, al igual que la maleta de las imágenes, no pueden faltar, que deben estar por alguna parte esperándoles con su tentador canto, “ven a descubrir mis tesoros escondidos”.
Estar sentados o tumbados en el duro suelo les cruje las articulaciones de las rodillas y la espalda. Echan de menos sus mullidos sillones. Han olvidado que compartir sus épicas gestas, sus hazañas y su sabiduría, “sentados alrededor de la fogata”, hace chisporrotear, crepitar la emoción de sus corazones, aviva sentirse satisfechos de sí mismos.
Si no están rodeados de chismes digitales no se encuentran realizados. Se han convertido en receptores pasivos de noticias que, en general, no les atañen, no les incumben. Van perdiendo la costumbre de emitir sus propias ideas, acabadas de nacer de su emoción, sentimiento y creatividad. Las menosprecian, no las consideran importantes, interesantes, dignas de atención, en comparación con las envasadas que reciben de los medios…
Dentro de un millón de años a los historiadores de los humanos de esta era les saldrá humo de la cabeza, de tanto estrujarse las ideas, intentando averiguar por qué les creció desmesuradamente el dedo índice de la mano derecha, y aumentaron las dimensiones de sus nalgas tan considerablemente. Hasta que un paleontólogo perspicaz y espabiladillo descubra el misterio. Los bautizará como los prodigiosos humanos pulsadores de botones. La era de los pulsantes.
También yo sucumbí al enganche, me convertí en una compulsiva consumidora de imágenes, una pulsadora empedernida de botones de telemandos. Para ser del todo feliz solo me faltaba un asiento plegable acoplado a mi trasero. No sabía moderarme. Llegaba cansada a casa y me derrumbaba en el sofá… y pulsaba. Somnolienta, postrada, lan-guidecida… pulsaba, me lo tragaba todo, anuncios, tiempo, deportes, cocina, películas soporíferas, minucias de los “triunfadores”… ansiando los esplendores tras la pantalla… languidecida pulsaba…
Me quedaba fascinada ante el desfile de deseos que me ofrecían, que ni siquiera había intuido, y que no necesitaba para nada, pero sin los cuales, según la pantalla, no lograría ser feliz. Corría tras ellos y cuando los poseía me daba cuenta de que mi felicidad profunda, la de verdad, no la de las apariencias, no había crecido, más bien había mermado, porque la lista de deseos transferidos a mi agenda mental era tan inverosímil que acababa por abrumarme.
Me faltaba la fuerza de cortar con ella, me subyugaba, pasaba de un canal a otro buscando un programa que me satisficiera y me llenara. No lo encontraba, porque no estaba en la pantalla. Se encontraba justo enfrente, en mí misma, en mi corazón. El telemando tendría que incorporar un nuevo botón que me conectara con el programa estrella, hecho a mi medida, creado y dirigido por mí. El botón podría llevar inscrito: “Éste es el botón mágico, si lo pulsas, con la práctica de la meditación, se activará y te llevará directa a tu corazón, al gozo de vivir, a la plenitud, a tu Sabiduría Interna”.
La vida, disfrazada de penuria económica, vino a echarme una mano. O imágenes o bocadillos… vendí de segunda mano los aparatos productores de imágenes. Fue una bendición, cesaron de birlarme los fondos y el tiempo al dejar de desbordar mi agenda de actividades y compromisos. Adiós al ir siempre al galope, jadeando. Se acabó el desespero de: “deber, querer y tener que” estar en todas partes, haciéndolo todo, viéndolo todo, hablándolo todo, estando al día en todo… menos en mí misma.
Así pude despegar el trasero del sillón y ponerme en marcha. Volví a recuperar mi poder, que se había pegado al botón. Ahora yo soy la protagonista, la creadora, la bailarina, la poeta, la cantante, la vagabunda, la pintora, la payasa, la escritora, la aventurera, la “vividora” catadora de la vida...
Sin embargo, he de admitir que los medios: televisión, radio, Internet, cine, revistas, libros… son un instrumento evolutivo maravilloso… o empobrecedor, el límite que los separa son dos palabras claves: Elección, saber escoger acertadamente los programas, con temas enriquecedores y bellos, creados desde dentro con la imaginación e inspiración del corazón, y la segunda: Moderación, todo en su justa medida. Saber desapegarme del telemando, no convertirme en una insaciable devoradora de imágenes, sonidos y palabras encartuchados, porque, entonces, aumentaré mi pasividad y viviré la vida de los demás en lugar de la mía. Tengo que estar en un equilibrado balanceo entre la contemplación y la acción.
Se me ocurre una muy buena idea, cambiaré el visionado de aquellas cintas que no me dejan satisfecha por la realización de una película cumbre en tres dimensiones, a todo color y con los últimos efectos especiales. Será muy realista, con personajes creíbles y naturales, como la vida misma. Arriba el telón, el título: “Eva, sus andanzas y milagros”. ¡Mi película, la de mi vida!
Será un largometraje. Duración: toda mi vida… mi existencia infinita. Su ficha técnica, más o menos, será: Productor: el Universo. Protagonista: Eva. Intérpretes principales: mis amiguitos de los canguros y la gente mayor de mis acompañamientos y todos los que vayan llegando. Actores secundarios: mi ramillete de vecinos, los del grupo, el conserje y todos los que vayan llegando y se quieran apuntar. Guionista: Eva. Directora: Eva. Música, gorjeos, tarareos, canturreos y cacareos: Eva.
Uff, ya puedo levantar el culo del asiento, no me puedo dormir, no voy a tener tiempo para aburrirme. Tengo un montón de teclas que tocar para que la película sea un éxito de prensa y público. A partir de ahora, dedicaré el tiempo que malgasto en lo que no me concierne, en avanzar en el rodaje de mi obra magna: “Mi vida”.

No me organizo, la vida me desborda, se me escapa el tiempo y el dinero y, a menudo, aparece la soledad trayendo de la mano la tristeza y las lágrimas que me dejan sin ganas de nada, postrada, incluso me despojan de mi proverbial sentido del humor. Espero que haber dejado al grupo ayude a cambiar el panorama.
Mis buenas intenciones de ordenar y limpiar el piso, de deshacerme de montañas prehistóricas de papeles y cosas que no necesito, chocan contra mi cansancio, mi desgana y decaimiento, saliendo perdedoras. Jo, qué cantidad de polvo, puedo tomar apuntes con el dedo. Las tareas hogareñas no me inspiran para nada. Lo de arremangarme, ponerme a fregotear y cambiar el polvo de sitio, se me da fatal. El dulce hogar se me cae encima.
Lo mío es la llamada de la selva, el trajín de la jungla callejera. Me hechiza la sinfonía de las alarmas, de los cláxones, del bullicio de las granjas, bares, tiendas, restaurantes… Ir de aquí para allá, entremezclándome con la variopinta galería de personajes urbanos. Girar como un carrusel aturde, despista, desorienta a mis penas, a mis nostalgias del alma. Mantiene mis lágrimas a distancia, las distrae. Sé que también me está alejando de mí misma, de mi Sabiduría Interna. Vagabundear por la ciudad, estar fuera, gira que gira, me da la impresión de que me acerca a lo que estoy persiguiendo… que en realidad no tengo ni la menor idea de qué se trata…
Siento alergia a las murallas de mi piso, quizás por un miedo subconsciente a encontrarme conmigo misma, con mis fantasmas históricos. Es un problema que he de solucionar, ya. Sé que el silencio, el aquietamiento que puedo conseguir en la paz de mi oasis casero, puede llenarme de serenidad y fuerza, traer la magia a mi vida.

Me voy a dar el lujo de elegir aquel programa tan bello. ¿Cómo se llamaba, la susurradora… la cantautora de verdades… la sembradora de verdades…? a ver si recuerdo qué emisora era... ah, lo marqué con una rayita en el aparato… aquí esta, era a esta hora. Qué suerte, la enganché, es su sintonía, empieza ahora:
“Hola, amigos, os quiero, soy la cantora de verdades, como siempre con mi corazón dispuesto a sintonizar con el vuestro.
Os preguntáis: ¿Por qué la cantora, en general, se dirige a las mujeres? Sencillo, en el público que asiste en directo a mi programa, el número de mujeres supera ampliamente al de hombres. Y con la audiencia en antena la proporción es similar. Se lo están ganando a pulso. Este programa es para todos los que deseen escucharlo, no faltaría más, aquí no marginamos a nadie. Es para los que viven en un palacio o los que duermen sobre unos cartones. Para los guapos o para los menos guapos. Para los que escuchan desde otras dimensiones, porque les gusta el acento cristalino de lo que aquí se cuenta. Para vosotras, la energía femenina que estáis demostrando que estáis vivas, vibrantes, llenas de fuerza y entusiasmo. Para los que ansiéis seguir despertando. Para todos los que sintáis agregaros a la marcha, y vaya marcha, vamos a por todas. Apretar el paso es cosa vuestra, depende de vosotros, de vuestras ganas de acariciar las estrellas.
Y sin más preámbulos, desde mi corazón hacia el vuestro navegan las perlas de luz de hoy:
Mira, puede tener más fascinación un viejo delantal que un llamativo traje de noche. Puede tener más fascinación una concha encontrada en la orilla del mar que un lujoso collar adquirido en una joyería. Puede tener más fascinación el pan recién horneado por la abuela que una cena en el restaurante de moda. Y es así, porque la fascinación se activa con la emoción y el entrañable sentimiento, y finalmente, puede tener más fascinación una voz amiga, una mirada de comprensión, el brillo de una lágrima de gratitud, un “te tengo en cuenta”, un “pensaré en ti”, un “estás en mi corazón”, un “te quiero”…
¿Ves ese vagabundo? Es tan valioso como tú, ha recibido del Universo la misma cantidad de Luz que tú. Te cae la sonrisa de autosuficiencia. Alza tu mirada a las estrellas, si puedes, si tu cuello no está anquilosado de tanto mirar las puntas de tus lujosos zapatos de moda y los listados con los altibajos de la bolsa. ¿Qué ves? “El cielo” ¿Y qué más? “Las estrellas”. ¿Y después? Si sigues mirando, más lejos, ahondando con los ojos de tu corazón, verás galaxias, millones, todas ellas con una miríada de estrellas, y si continúas, te perderás, porque esa infinitud es mucha infinitud.
Tu nivel de prepotencia y engreimiento ha descendido, te sientes más a ras del vagabundo. ¿Verdad? Míralo de nuevo. Está en su banco, contemplando el firmamento extasiado, alucinado, rendido, seducido… Acércate a sus ojos, están sonriendo, le chispean de asombro ante tanta inmensidad. Esta musitando algo, muy quedamente: “Gracias, por no tener que pagarte por ver las estrellas… Gracias, por escucharme cuando te vacío mí corazón, por atenderme en cualquier momento y lugar… Gracias, por secar mis lágrimas… Gracias, por no precisar intermediarios para hablar contigo… Gracias, por acompañarme dentro de mí y fuera, te amo…” Mira, una de las mejores cosas que puedes hacer por los demás es dejarles que vivan su vida. Vigila no invadir su espacio para volar y que tus alas no rocen las suyas perturbando su vuelo. Querer a los demás pasa antes por “el me quiero”. Se te hará difícil amarlos, si tú no te amas.
¿No crees en los milagros? Mírate bien. ¡Tú eres un gran milagro! Un milagro formado por los millones de laboriosas e inteligentes células que forman tu cuerpo, esa maravillosa morada que alberga a tu prodigioso espíritu, dándole la oportunidad de expresarse y crecer en la materia, volando, cayendo, riendo, llorando, sintiendo, emocionándose, amando… Te voy a hablar del Amor, no me refiero al amor pequeñito, escrito con las minúsculas letras del egoísmo, los juicios y los apegos. Te hablaré del Amor escrito con rutilantes estrellas, del Amor escrito con tu corazón, con tu sentimiento, con la Chispa de Energía Amor que portas en tu interior.
¿Por qué te sientes ahora tan feliz? Lo celebras todo, hasta los detalles pequeñitos. Eres más tolerante contigo misma, ya no te descalificas como antes. Te aprecias, valoras, aplaudes y das palmaditas en la espalda. Reconoces que eres un ser precioso. Apostaría a que le has dado la bienvenida a tu Amor Grande.
El Amor piensa, dice y hace sin publicitarlo, en silencio, sin armar alboroto. El Amor no es exhibicionista. No hace marketing. ¿Para qué lo necesita? Esta ahí, desde siempre, al alcance de todo el mundo. Cuando abraces al Amor, la vida te cambiará, lo que no tiene sentido, lo caduco, lo obsoleto, se irá desprendiendo de ti, se irá quedando atrás en el camino, y tus brillos irán tomando su lugar.
¿Tu éxito total? Llenar tu vida de Amor. Ser Amor y amar. Puedes dar todo el que quieras, nunca te vaciarás, el Universo te lo repone de inmediato.
Cuando te llenas de Amor y lo irradias, todo cambia a tu alrededor, la magia de la vida te toma como pareja y danza contigo.
El Amor de tu corazón, nunca te abandona, siempre te ama, diluye tus temores, te protege, armoniza, pacifica…
El Amor está dentro y fuera de ti. Dedica tiempo a escuchar lo que sus silenciosas palabras te cuentan.
En ti, en todos, habita la Fuerza Amor, mantiene la llama de tu aliento, vida tras vida, en la fascinante travesía que te permite Ser, que te va acercando al Creador.
Irradia tu Amor y paz hacia las personas y los lugares de la tierra que los necesitan. La paz en el mundo pasa por la paz y el Amor en tu corazón y en el de cada uno de sus habitantes. ¿Quieres convertir tus defectos en cualidades? Llénalos de Amor y Luz. Es muy posible que los deseos que avives con tu Fuerza Amor se conviertan en realidad.
Mientras más Amor pongas en tu vida, más luz, más ligereza le das. Cuando te acercas al Amor, los juicios se alejan, la tolerancia y la comprensión se aproximan.
Tu expansión de consciencia tiene un precio, lo podrás pagar con monedas de reflexión, contemplación, meditación, paciencia, esfuerzo, tesón, Amor…
Mis mensajes son como estrellitas de luz, puedes escoger las que sientas. También puedes, si te place, ir engarzándolas con un hilo de luz y formar un collar. Se trata de que las tengas presentes, de que no las olvides, porque te ayu-daran a sonreír, a ser feliz.
Hasta mañana amigos, gracias por vuestra atención. Luz, amor y paz”. -A ti, Cantora de verdades, tus palabras iluminan mi camino, resuenan en mi corazón como campanillas, despertándolo. Gracias por tu collar, acabo de estrenarlo. Es mi secreto, porque es invisible.

Neptuno ya ha acabado, ha sido rápido.
Parece que hay otro mensaje. Se oye muy lejos, entrecortado… cuántas interferencias, se escuchan al final unas silabas ininteligibles, probare de nuevo: “peen… e… itaaa”, no las entiendo, suenan tan lejanas, llegan como un susurro, las escucharé otra vez… ahí llegan, agudizaré toda mi atención: “mi… piiin… zit… aa” ¡Qué escalofrío! Me deben haber recordado algo a nivel subconsciente. Me han llenado de nostalgia. Las escucharé una vez más. Total atención. Cerraré los ojos para mejorar mi concentración, juntaré las sílabas: “mipinessita”. ¡Mi princesita! ¡Es la abuela! Se me ha puesto la piel de gallina. ¡Es ella! ¡Sé que es ella! lo siento en el fondo de mi alma. Tantas veces me llamaba así. El recuerdo me ha disparado las lágrimas. ¡Sé que es ella! Tengo una fuerte certeza interior. ¡Está intentando ponerse en contacto conmigo! Ha intentado dejarme el mensaje a través del teléfono. ¿Qué querrá decirme?
Abuela, creo que puedes verme y escuchar tanto mis palabras como mis pensamientos. Tengo una idea, abuela, ponte en contacto conmigo, háblame a través de mis sueños, aunque preferiría que fuera un diálogo telepático, sin necesidad de estar durmiendo. Quizás, la receptividad dimensional que tenía de pequeña esté algo oxidada por no haberla ejercitado y no lo haga posible.
Te he echado y te echo a faltar mucho abuela. Tú eras la única persona que me querías de verdad, me escuchabas, me comprendías, me aconsejabas, consolabas mis penas… ¿Por qué te fuiste?, me quedé tan desamparada, tan desconsolada, noté tanto tu vacío, no lo he superado todavía. Tengo recuerdos tan hermosos de ti, tan imborrables. Un día me dijiste: “Querida Evi, estés donde estés y hagas lo que hagas, siempre continuaré queriéndote”. Me resonó tan hondo que me abracé a ti llorando de gozo interno.
Poco antes de marcharte me dijiste sonriendo: “Evi, recuerda que mi espíritu estará contigo siempre que lo precises. No dudes que continuaremos reencontrándonos en el tiempo sin fin de nuestra existencia. Que mi partida no te entristezca, lo que en la tierra llamamos muerte es en realidad un final que es un principio, un amanecer. Cuando mi espíritu abandone mi cuerpo continuará viviendo en otros hermosos paisajes…”
Por alguna razón, siempre me he resistido a creer en la vida después de la muerte, he eludido obstinadamente el tema. No me he interesado por documentarme con las evidencias. He refutado la gran cantidad de libros y testimonios de personas que cuentan sus experiencias, sus comunicaciones con familiares, amigos o entidades, desde ese espacio a donde se pasa después del tránsito.
Esta actitud tan errónea de cerrarme, de negarme a reflexionar sobre el tema, ha sido echar piedras a mi tejado. Me genera desesperanza, temor a la muerte y una visión muy parcelada de la vida que me aleja del esclarecimiento de temas importantes para mi crecimiento personal. La llamada telefonica de la abuela ha despertado mi creencia en la vida después de la muerte.
La aversión hacia los temas paranormales me viene de pequeña. Me pasaban cosas poco usuales, veía luces alrededor de las personas, tenía sueños premonitorios, escuchaba voces... Les tomé aprensión, temor, no me gustaban algunas de las sensaciones que acompañaban a esos fenómenos. Los saqué de mi vida, les cerré la puerta, los olvidé. A partir de entonces he venido zafándome, dando esquinazo a las conversaciones, a los libros, a todo lo referente a esas cuestiones.
A partir de ahora contemplaré el tema desde la imparcialidad, la neutralidad, olvidaré mi obstinada creencia de que no existe vida tras la muerte, cuando mi corazón me está diciendo que sí, que la abuela continúa viva en otra dimensión, ayudándome.

- ¡Eva, Eva!
“¡Es Ani! No la había visto. Me llama desde la mesa del fondo”. -Hola, Ani, voy para allá.
-Eva, qué contenta estoy de verte. No nos habiamos visto desde hace casi un año.
-Sí, desde la noche que estuvimos bailando con el grupo. Sabes, los he dejado definitivamente.
-Ya tocaba, era una relación que no se aguantaba. Tú estás en una etapa de cambios. Ellos no se mueven de sus viejas y sobadas costumbres. Se encuentran a gusto en ellas. No desean abrirse a lo nuevo. Ni cambian, ni dejan cambiar. Les desagrada, les contraria ver el avance de los demás. ¿Cómo van tus rachas de desolación, las has solucionado? -Están todavía ahí, van y vienen. A veces me deprimen profundamente. No logro que desaparezcan.
-Eres un espíritu viejo, Eva. Probablemente, como te comenté, se deben a un problema que arrastras de alguna de tus vidas anteriores. Tal vez alguna circunstancia o alguien te dañó, te traumatizó… Cuando conozcas el origen de tu dolor, desaparecerán tus congojas, sanarás emocionalmente. Supongo que el recuerdo te llegará cuando tu corazón albergue la suficiente comprensión y paz para perdonar la causa de tus penas.
Recuerda pedir ayuda. Cuando pides la Vida te da. Antes de pedir asegúrate de tener bien claro lo que quieres. Concreta con claridad y exactitud tu ruego, tu petición. Pide con fervor, desde el corazón. Ruega con la certeza de que el Universo está escuchando tu petición y te la va a conceder, porque si dudas, si no la apoyas con tu fe, pierde fuerza.
Puede que la respuesta a tu petición tarde en llegar, que espere hasta que estés preparada, hasta el momento más apropiado para tu evolución. Ten en cuenta que la vida siempre está a tu favor, aunque a veces parezca que no juega en tu equipo.
-Gracias, Ani, lo tendré en cuenta. Esta mañana, al escuchar los mensajes telefónicos, en el último de ellos, he conseguido descifrar, entre un montón de ruido de fondo, dos palabras: “mi princesita”. Enseguida he recordado que la abuela me llamaba así y he sentido en mi corazón la certeza de que era ella que me quería pasar un mensaje. ¿Qué te parece?
-Es posible que tu abuela esté intentando sintonizar contigo. Que tenga algo que decirte. Quizás es para ayudarte a que recuerdes la fuente de tu trauma y así consigas librarte de tus depresiones. Pon atención en tus sueños, en lo que te llega en tus meditaciones, en tus pensamientos, quizás te eche una mano con ellos, telepáticamente. Es posible que intente bajar su vibración para aproximarla a la tuya y facilitar la conexión. Tú, por tu parte, esfuérzate en ir subiendo la tuya.
-¿Cómo la subo?
-Vida sana, ejercicio, aire, sol con moderación. Consume alimentos que no densifiquen tu cuerpo, ves reduciendo el consumo del alcohol, tabaco, carne, pescado… Toma más frutas y verduras, bebe agua pura, con bajo contenido de residuo seco. Procura beber y cocinar con agua mineral en lugar de agua del grifo, tu cuerpo te lo agradecerá. Practica la meditación, con ella lograrás el aquietamiento de tu mente.
Intenta que tus pensamientos sean puros, transparentes y útiles. Pasa de malgastar tus energías polemizando, intentando convencer a la gente de lo que no quieren ser convencidos.
Practica yoga, camina, el movimiento equilibrará tus centros energéticos. Escucha o canta mantras. Haz afirmaciones positivas. Durante el día mantén la mente unida a la Fuerza Amor de tu corazón. -Es difícil, son muchas teclas a tocar.
-Sí, lo es, no es nada fácil cambiar de hábitos, de pensamientos, pero si lo intentas con fuerza y lo mantienes, poco a poco lo irás logrando. Te tengo que dejar, voy directa al aeropuerto, no quiero perder el avión, te llamaré cuando regrese y nos vemos un día con más calma.
-Así lo espero, Ani, un abrazo… Que tengas un buen viaje.
-Gracias, piensa en lo que hemos hablado.
-Así lo haré, Ani, cuídate.

Bien, seguiré el consejo de Ani, voy a pedir, desde el amor de mi corazón, con fervor: Creador, Te ruego que me libres de mis penas y mis lágrimas, hace mucho tiempo que las llevo a cuestas. También Te pido que me proporciones algo con lo que pueda salir de esta situación de carencia monetaria. Gracias…
Desde que he entrado se me está yendo la vista, distraídamente, hacia el periódico que está sobre aquella silla, se lo debe haber olvidado alguien. Voy a echarle un vistazo.
Está abierto por la página de anuncios… tiene uno subrayado en azul… piden una traductora… para un libro… podría hacerlo. Qué casualidad… ¿Puede ser la respuesta a mi petición? Está a cinco minutos de aquí. Si me marcho ahora y me doy prisa todavía puedo llegar a tiempo, seré la última de la cola, lo intentaré… Me despediré del “dulce pastelero”. -Hasta la vista, maestro, gracias por tus obras de arte.
-A ti, por tu presencia. No te olvides de volver, nuestras energías congenian.
-Estaré impaciente por degustar de nuevo tus exquisteces.
-Espero que también vuelvas para ver al hacedor de los pasteles.
-Pues no faltaba más, estás el primero en la lista de prioridades.
“No es muy guapo, pero su brillo interno me seduce. Qué buena pareja haría. Me cuesta marcharme…”.

Apretaré el paso para llegar a tiempo. Está cerca, ¡ah! qué resbalón. Casi me caigo. ¡He pisado una caca de perro! Qué mala pata. Me he torcido el tobillo. Cómo me duele. Espero que no me lo haya dislocado. Me limpiaré el zapato en la tierra del árbol. Lo restregaré bien, para suprimir el olor…
Estoy exhausta. Solo me faltaba cojear. Veo las estrellas cuando apoyo el pie. Qué tristeza que haya personas con esa falta de estima al prójimo. Estoy a punto de llorar. Estoy impresentable para la entrevista. Qué imagen más lastimosa doy. ¿Dónde voy con esta facha tan desgarbada? Directa al fracaso, al consabido “la plaza ya está cubierta”. Lo voy a dejar. ¡No! Voy a continuar. Tal vez es la respuesta a mi petición de ayuda.
No buscan a una traductora para congresos o una intérprete. La traducción de un libro se puede hacer en casa, desgreñada, con rulos y en zapatillas. Lo que importa es la calidad del trabajo, no la imagen personal. Llegaré hasta el final. Ahí esta el hotel, respiraré tres veces, fino, hondo, por la nariz… Allá voy, erguida y cojeando, pero con paso seguro. Preguntaré en conserjería.
-El señor Ricard, por favor.
-Sí, es aquel señor del fondo, el que está con la señorita. Puede esperarlo sentada en el salón.
-Gracias.
¿Dónde está la cola? ¡Solo somos dos! la rubia que está con él y yo. Es una tía de pasarela. Escote panorámico, mini de tejido elástico, blusa con una talla menos. Maquillaje televisivo. Luce sus ondulaciones sin escatimar. Está jugando con cartas marcadas. Con ventaja. Ya está cantado quién se llevará el pastel. Se lo está trabajando a conciencia. Va directa a hacerse con el trabajo. Es una rata de entrevistas. Ha situado el nivel de acoso al máximo. Está utilizando todo su arsenal de seducción empresarial. Le saldrán agujetas en los labios de tanto sonreír. Sonríe hasta con las orejas. No me cree competencia. Cuenta que ya tiene el contrato en el bolsillo.
Él está encantado, visionando a placer todo el juego de detalles del musical de éxito de la temporada. Yo voy hecha un cromo. Cuando me reciba le puede dar algo. Huelo a sudor, quizás queda un rastro del aroma del perro. Tejanos con sietes zurcidos por el tiempo y la penuria. Las ojeras de anoche por no haber dormido. Cojeo. Toda una estampa. Está tan embobado con la chica que ni se habrá enterado que hay otra candidata esperando. Están de fiesta. Se ríen las gracias. Me siento fatal. Con la moral comida. Cada entrevista me supone un palo. En ocasiones me producen hasta sarpullido. Soy muy sensible a los rechazos. Tardo tiempo en reponerme.
Solo tiene ojos para ella. Aquí sobro, estoy de más. Mis posibilidades son nulas. Cero. Me voy a marchar. ¡Esto es una huida! No voy a tirar la toalla. Seguiré hasta el final. ¡No me rendiré! Cierro los ojos, respiro profundamente, con calma, otra vez, sin prisa, sosegadamente, estoy viva, disfrutaré del instante, de la situación al máximo, de todos los colores del escenario, independientemente del resultado de la entrevista. La tomo como una ocasión para crecer.
-Eva, por favor.
¡Es él! Me está llamando. ¡La ha despedido! Ella se retira con cara de pocos amigos. ¿Dónde perdiste la sonrisa?
Qué alto es. Qué sonrisa más acogedora. ¿¡Cómo sabe mi nombre!? No se lo he dado al conserje. Me ha llamado como a una conocida, sin el “señorita”. Qué mirada más profunda. Es delgado. Ya tiene sus años. Viste traje claro, de lino, mocasines. Camisa sin cuello. Pelo largo…

-¿Te gustan las mariposas, Eva?
-Sí, desde pequeña, su ligereza, sus bellos colores, sus re-voloteos me fascinaban. Mi abuela, antes de dormirme, al iniciar la plegaria de protección, me decía: “Junta las manos, Evi, como plegan las mariposas sus alas, que parece que estén rezando”.
-Estupendo, así encontraras más amena la traducción del texto, porque trata de mariposas.
“¡Me habla como si el encargo ya fuera mío!”
-Aquí tienes el manuscrito, son, aproximadamente, medio millón de caracteres. Unas trescientas páginas. El trabajo es tuyo, Eva. “¡Maravilla! ¡Maravilla! ¡Maravilla!”
-¿Te parece bien si te hago un adelanto y el resto a la entrega del manuscrito?
-Sí, me va muy bien. ¿De cuánto tiempo dispongo para la traducción?
-¿Te parece medio año? El día uno de junio, a las nueve de la mañana. ¿Te va bien?
-Perfecto, no tendré que anotarlo en la agenda porque es el día de mi cumpleaños. “Está rellenando un cheque, lo veo y no lo creo”. -Aquí tienes, lo he extendido al portador. Así lo podrás cobrar en el banco situado, saliendo, en la esquina de la derecha.
“¡Cielos, es un montón! y solo es un adelanto. Y yo que creía que iba de perdedora”.
-Si no lo encuentras correcto se puede aumentar.
-Está bien, Ric, muchas gracias.
-Me alegro de que hayas aceptado el trabajo, Eva.
-Y yo de que hayas confiado en mí, Ric.
- Eva, has abierto la puerta para que la magia entre en tu vida.
-¿Cómo la he abierto?
-Has ofrecido un “sí” muy alto y fuerte a los cambios, a la verdad, a ser fiel a ti misma, a tu fuerza interior, a tu abertura de consciencia.
-Qué bonito hablas, Ric.
-No me es difícil, estoy leyendo en ti, Eva. Deben estar a punto de cerrar el banco, si te das prisa podrás cobrar el cheque.
-Sí, es una buena idea. Lo había olvidado. Me voy corriendo. Hasta el uno de junio.
-Aquí estaré, celebraremos tu cumpleaños.
-Será uno de mis mejores cumpleaños.
-Así será, Eva. Suerte.
-Gracias, Ric, igualmente.
Salgo flotando. Se me ha pasado el dolor del tobillo. Qué entrevista más atípica. Qué personaje tan especial, tan entrañable. Una energía muy bella flotaba en el ambiente. Ha sido una mañana mágica. Gracias, Creador, por haberme escuchado, por haber respondido a mi ruego, por haber llenado la mano que te tendía, gracias por tus mensajeros: Ric y la rubia platino. El manuscrito de Ric y el subrayado de ella han sido la bandeja donde me has ofrecido el regalo de mi petición.

Es una suerte que este banco sea de la misma cadena donde tengo mi cuenta… Está comprobando la firma del cheque. A lo peor, Ric se ha equivocado en la fecha o ha hecho la firma algo distinta y no la encuentra conforme, igual se le ha olvidado el punto de la i. ¿Tendrá fondos? ¡Me voy a sacudir de encima los pensamientos negativos! Voy a pensar en lo bueno y lo bueno llegará. Lo cobraré, seguro.
Levanta la vista y me mira fijamente, no dice nada. ¿Por qué no habla? Qué suspense. Qué eternidad. ¿Estará pensando que me he encontrado el cheque o se habrá quedado con mi caída de ojos? -¿Lo cobra en efectivo o lo ingresa en cuenta?
“¡Albricias! Qué descanso. Qué palabras más musicales”.
-Me llevo doscientos, el resto lo ingreso.

Qué bien, podré pagar los recibos atrasados del piso y las mensualidades de mi niño apadrinado.
Tendré agua en los grifos ¡Me podré duchar sin jarrita! Adiós fuente de la esquina. Me pondré a trabajar con la traducción del manuscrito de las mariposas.
Comenzaré mis prácticas de meditación. Me montaré un oasis particular en casa. Aprenderé a encontrarme bien conmigo misma sin necesidad de comparsas. Será mi retiro en el desierto. Mi tregua con el caos urbano. Me había olvidado, ¿cómo sabe Ric mi nombre? No acabo de entender este asunto de la traducción, tiene aspectos de novela. Hay cosas que no encajan. ¿Cómo me paga un adelanto tan alto sin conocerme, sin pedirme un recibo, ni la documentación? Ni siquiera mi número de teléfono. Y se despide ¡hasta dentro de medio año!, no precisamente hasta pasado mañana. Mi mente racional, desconfiada y temerosa, me está murmurando razones para que no confíe en Ric. Mi corazón me dice que Ric es honesto. El corazón nunca me engaña, la mente es la que me lía.
¿Y lo del anuncio subrayado en el periódico? Nadie sabía que iba a ir a ese bar, fui por casualidad. Al entrar me fijé en que el periódico ya estaba allí, olvidado encima de una silla…

La traducción del manuscrito me obliga a estar recluida en casa, está costándome. Estoy decidida a conseguir sentirme a gusto en el piso, veremos… He aguantado el primer tirón. La soledad me está zarandeando fuerte. La sobrellevo alternando la traducción con actividades que me distraen y animan: bajar al jardincillo, ver a gente, a niños jugando, pisar tierra llenándome de su energía y la de los árboles me va bien, relaja el enervamiento que me ocasiona estar tanto tiempo encerrada en el piso, quemándome las pestañas con la traducción. Hago meditación y yoga, aquieta mi mente y aplaca la soledad que siento. Cuando estoy muy baja de ánimo escucho música o bailo, eso mueve mis energías y corta la mecánica de mi tristeza. Hago prácticas de respiración y de afirmaciones positivas, me funcionan, me pacifican. Leo un libro interesante. Me voy a dar un paseo, no me quedo incubando la soledad, compadeciéndome… Se trata de poner algo en lugar de las lágrimas.
Ha sido una buena idea convertir el tiempo que dedico a traducir en una práctica suave de meditación. Antes de comenzar a escribir me siento enderezando bien la espalda, así fluyen mejor las energías cósmicas por mi canal de luz. Los brazos cómodamente relajados. Hago unas cuantas respiraciones conscientes y centro mi atención en la traducción, cuidando que ninguna idea ajena a ella irrumpa en mi mente.
También aprovecho el tiempo que paso traduciendo para acostumbrarme a actuar con calma, disfrutando del trabajo, del momento. Me permito, de tanto en tanto, darme el lujo de detenerme a sentir el placer de mi respiración. Antes no hacía pausas, vivía el día como si fuera una continua carrera de obstáculos, ahora intento vivirlo como un placentero paseo en el que me voy parando para gozar plenamente de los detalles que me ofrece el camino. Estoy haciendo más simple y sencilla mi vida. No malgasto la gran riqueza que supone mi tiempo inmiscuyéndome en actividades, asuntos y personas que ya no me tocan. He fortalecido mi: “No, gracias”, a la invitación, o a lo que sea, que no sienta, sin dar explicaciones, como máximo un escueto “es cuestión de agenda”, y me mantengo inamovible en la decisión, salvo que lo aconseje un cambio de circunstancias. El deshacerme en excusas, como solía hacer antes, ha pasado a la historia. No trasnocho, salvo excepciones. Me acuesto pronto, me levanto pronto. Seguir sin tele aumenta el saldo de mi tiempo libre. He empezado a leer los libros de la abuela.
Al fin he emprendido la práctica de la meditación. A todo le llega su momento oportuno. Antes tenía una idea confusa, equivocada, de lo que era meditar. Creía que era centrar la atención en un asunto, una idea, un argumento, y reflexionarlo, sospesarlo, dándole vueltas y más vueltas.
Ahora entiendo que se trata de esforzarme en destensar la mente, despejarla de pensamientos, darles vacaciones, poner toda la atención en mantener mi espacio mental libre, aquietado, sin circulación de ideas. Para lograrlo dirijo y fijo la atención en la respiración, la repetición de una afirmación positiva o un mantra… cuidando que la atención no pierda fuerza convirtiendose en la trayectoria errante que describe una hoja al ser desplazada por el viento. Durante la meditación sitúo la mente en “silenciosamente vacía” de pensamientos, en lugar de “medio llena”, “abarrotada” o “desbordándose”…
Bien, voy a practicar un rato, a ver qué tal me va. Me pongo cómoda, para que una mala postura no me dificulte la concentración. Hoy me duelen las rodillas, me sentaré en una silla o un sillón, en lugar de con las piernas cruzadas sobre mi cojín de algodón. Sin que la ropa me oprima, ni que el cinturón me apriete. Que nada me moleste. Espalda enderezada, para que la energía recorra más fácilmente mi columna vertebral, mi canal de luz. Cierro los ojos. Relajo el cuerpo. Músculos destensados.
Dejo a un lado todos mis pensamientos, mis proyectos, mis preocupaciones, mis temores… Toda mi atención centrada en la respiración o en la repetición de una afirmación positiva, para que no se mueva de aquí para allá agitada por las marejadas caprichosas de las ideas. Es la manera de cerrar el paso de los pensamientos a mi mente, de que no puedan entra, de que encuentren su espacio ocupado, lleno de un firme silencio.
Bajo e instalo la mente en la calma de mi corazón, aquietada, vacía de pensamientos, callada. Dentro solo el silencio, forjando la paz, la plenitud. Si un pensamiento se acerca, no lucho con él, dejo que pase, que se aleje, nada de pulsos, evito el torneo, volviendo a concentrar mi atención en el gran placer de la respiración. Otra vez mi mente está como un cielo límpido, sin una sola nube. Noto cómo crece la paz en mí, qué estado tan placentero, me invita a seguir mante-niendo el ejercicio, la ausencia de pensamientos, el silencio atento, receptivo…
Puedo mantener un cierto estado meditativo durante el día centrando la atención en mis ocupaciones, vigilando que los pensamientos oportunistas no se cuelen en mi mente distrayéndola. No consigo un estado tan profundo como si estuviera exclusivamente meditando, donde toda la atención está puesta en dejar la mente libre, disponible, pero me sirve para ejercitarla y fortalecerla. Unas tareas me acercan más que otras a ese estado casi meditativo, son las que requieren una mayor atención, estudiar, pintar, escribir, escuchar música...
Recogerme en mi oasis casero, lejos del bullicio callejero, del trajín de las obligaciones innecesarias, sigue costándome, pero menos. Me está aportando un sosiego y una paz interior que antes no tenía. El haber aligerado mi agenda de actividades sociales que no me apetecen, reduciendo las salidas con conocidos o sola al cine, restaurantes, tiendas… me deja más tiempo disponible para lo esencial: aprobar mis asignaturas pendientes, subir mi nivel de consciencia, meditar, descubrir el ser precioso que soy, poner en marcha mis cambios y, por supuesto, disfrutar del ocio, deleitarme con mis aficiones preferidas y dejarme fascinar por el hechizo de la vida.
He aprendido a estarme quieta, a planificar mis actividades, permitiéndome un cambio de planes cuando siento lo inesperado, el impulso, el sentimiento… nada de posiciones inflexibles, inamovibles, rígidas…
No necesito tanto cambiar de lugar en busca de emociones, la diversión y la aventura también la encuentro en mis melodías internas. Es una etapa de introspección interior que hacía tiempo que esperaba y precisaba. La he iniciado bien y la estoy llevando adelante con ganas. Me levanto, me estoy quedando anquilosada de tanto estar sentada. Pasaré la fregona al piso, así moveré el cuerpo. También debería pasársela a mi mente, la tengo tan atareada barajando las mismas naderías que construyen mi palacio de papel… me deja sin tiempo para salir al jardín del presente para sorprenderme y bañarme con sus fragancias. Del grifo de mi vida solo fluye un delgado chorrito. Tengo que decidirme a abrirlo más para que mane todo su caudal vivificante. Si mi ego se pasa todo el día acicalándose delante del espejo haré mi mundo muy diminuto, mezquino y gris. Me perderé las maravillas de la vida, pasarán por mi lado y no me daré ni cuenta.
Sin embargo, estoy avanzando, los estados de paz, serenidad y aquietamiento mental cada vez me frecuentan más. Pienso que los propicia la lectura de los libros de la abuela, la meditación y la traducción del manuscrito. Aquietan mi mente y me alejan del enervante alboroto de los lugares públicos.
Me confortan mucho los espléndidos sueños que tengo con la abuela. Qué suerte poder recordar sus mensajes cuando me despierto. Algunos me encantan, son para enmarcar: “Eva, estás entrando en una etapa donde recibirás muchos regalos, mantente bien despierta. Ten bien aquietada tu mente para no perderte ni uno. Sé tú misma. Sé fiel a lo que te dicta el corazón, es tu gran maestro”.

He descubierto algo que me mantiene las 24 horas del día entretenida. El mayor espectáculo del mundo: ¡Yo misma! Tengo la mejor butaca de platea y un pase gratuito para toda mi existencia. El escenario está lleno de actores que interactúan conmigo. Puedo variar el argumento en cualquier momento, está abierto a revisiones constantes. Admito mi improvisación, la del resto de los actores y la de la Vida. Así es más divertido, más creativo. No dejo de sorprenderme por todo el gran despliegue de mis recursos, mi creatividad y saber interpretativo. No quiero que mi estado de ánimo dependa de la compañía de los demás, de su halago, de su aplauso, de la atención que me prestan. Quiero sentirme a gusto aunque esté sola, sin necesitar un séquito de bufones que elogien y halaguen a mi ego chiquitín. Quiero autoabastecerme de plenitud, alegría de vivir y amor. Voy a trazarme un plan para conseguirlo, pasa por vencer a mis penas. Ellas son las que me empujan hacia los demás en busca de consuelo. Ellas son las que trastornan mis ganas de vivir. De momento se encuentran en el guión pero intuyo que su papel está a punto de finalizar.
Me estoy abriendo a la inspiración, a la creatividad, a los cambios, a lo nuevo. He dejado de mirarme el ombligo, me he abierto al gran abanico de la diversidad, a la aventura de la vida que me rodea. Estoy equilibrando el yo con el tú, con el nosotros, ellos, vosotros… con el Universo.
Dejaré espacio en mi agenda para lo inesperado, lo espontáneo, la improvisación… para la diminuta y liviana pluma que se posó en mi brazo esta mañana, enviada en un soplo de brisa por la Vida. Traía un mensaje: “Eva, frena tus prisas, vive cada brizna del presente, extasíate con mis hermosos colores, encendidos a contraluz por el sol, contémplame con asombro, admiración, respeto y humildad porque en mí está el Universo”. Antes, cuando la Vida me tendía su copa de néctar, pasaba como una exhalación por su lado, sin frenar la carrera, casi tirándole la bandeja y le decía jadeando: “En otro rato, no tengo ni un segundo libre”, sin darle siquiera las gracias por el detalle… que ya no me volvía a presentar. Me he perdido tantos de sus presentes por mi precipitación. Aprenderé a caminar con marcha de paseo y cuando la vea venir me detendré y le acercaré la copa para recibir la exquisitez que me ofrece. Le mostraré mi agradecimiento y, en su compañía, paladearé su ambrosía con todos mis sentidos.
Voy a ducharme… Imagino que una lluvia con infinidad de chispitas de luz del Universo cae sobre mí, limpiando, purificando mi cuerpo y las capas energéticas que lo envuelven. Además, creo que me descarga algo de electricidad estática corporal…
Otra vez presiento los vientos de la soledad anunciándome lágrimas, no tengo ganas de nada, ni de seguir con la traducción, voy bien con la fecha de entrega, puedo tomarme un día libre. Hace días que no escucho a la cantora de verdades, sube mi ánimo… esta es su sintonía:
-Hola, amigos, de nuevo estoy aquí con mi cesta diaria de verdades que os colocarán en el ojo del huracán de vuestras incoherencias.
A veces, mi susurrante voz te sonará como una canción de cuna, en otras ocasiones, la encontraras encrespada, alta, es para despertar a algunos de los que están dormitando en las últimas filas.
No te apuntes a un maratón y fuerces tu cuerpo por llegar en buen lugar. Mucho mejor, corre tranquilamente, en solitario o con unos amigos. Sin competir para ver quién corre más rápido o lo hace mejor. Corre por el placer de sentir tu cuerpo en movimiento, por compartir la carrera juntos, por sentir la brisa y por disfrutar del paisaje, y párate, de vez en cuando, para que tus ojos palpen reposadamente el entorno.
Abre tus ojos, abre tus oídos, abre tus palabras, abre tus manos, abre tu sonrisa, abre tu mente, abre tu corazón, abre tu amor, actívate. ¡Estás viva!
Desenvuelve tu sentido del humor, reestrena tu sonrisa y tu risa, despereza tu curiosidad, desapégate de tu comodidad. Manda a tu ego pequeñín de vacaciones.
La vida te pasa el guión perfecto. Te pone los actores, el escenario y tu aliento. Te lo lees y empiezas a hacer cambios, tachando, emborronándolo todo. Luego, no te gusta cómo queda, te haces un lío, no sabes cómo desenredar la madeja, te cansas y le echas la culpa a la Vida, diciéndole que su guión es mediocre y te desentiendes quedándote tan tranquila y tan fresca.
¿Sabes lo que le quita la diversión a tu vida? Quieres que los demás te aplaudan. Estás pendiente de si te ovacionan o te silban. Es una lástima, te pierdes la crema de la vida, jugar por el juego, por distraerte y reír. Concéntrate en el juego, siente su emoción, juega con él para pasártelo bien. Olvídate de si te están filmando.
No creas que para sentir fascinación precisas dar la vuelta al mundo. La fascinación viaja contigo, en los pequeños detalles que a lo largo del día vienen a ti, en lo que te rodea y en tus paisajes internos.
Te propongo que te apuntes a un máster. No podrás poner la excusa del precio. La vida te lo regala. Tendrás el mejor maestro, sin necesidad de desplazarte hasta un santuario en una lejana montaña, porque está en tu corazón, es tu Maestro Interno. Solo tienes que bajar tu mente, silenciosa, a su centro y escucharlo. Si sigues sus enseñanzas llegarás a ser una experta en el arte de vivir. Encontrarás el camino del amor, el Amor Grande. Ah, el máster se titula: “Yo soy amor y amo” o si te gusta lo breve: “Amo”, así de simple.
Hay asuntos, enemistades, nudos sin resolver que arrastras de encarnación en encarnación. No supiste desatarlos, por eso la Vida te los vuelve a presentar con los mismos personajes una y otra vez. Os volvéis a encontrar en otra oportunidad para zanjar de una vez el asunto. Envuelve a quienes están en él, incluyéndote, con luz, amor, paz y perdón. Corta de una vez con esas rancias e inacabadas historias que están entorpeciendo tu progreso. Camináras más ligera sin ese equipaje.
Te pasas la vida arrastrando un carromato lleno de cosas que no precisas, eso te roba energía y tiempo, y le quita brillo a tu vida, decídete a liberar tus espaldas del peso que acarreas de más.
Recuerda que el buen humor y la alegría son herramientas que te serán muy útiles para allanar la senda de tu vida, y la de los demás.
No vayas siempre con el cronometro en la mano. Tómate el tiempo que necesites para sentir la vida. No la engullas, degústala.
Si avanzas por la vida sin juzgar dirigiendo tu atención a los brillos de los demás en lugar de a sus limitaciones, te lloverán estrellitas y verás cuántos amigos te saldrán.
Apreciar los diminutos detalles nos acerca a la felicidad y la plenitud. Recuerda, el inmenso mar es una gran reunión de humildes gotitas.
No es fácil vivir en una sociedad con la complejidad de la nuestra, para hacer frente a sus dificultades necesitas estar en equilibrio, en armonía, dentro y fuera, en la contemplación y la acción…
Antes de iniciar un proyecto recapacita si es necesario, y preguntate si te sale del corazón, si concuerda con tu emoción interior. Así te evitarás conflictos, estarás más satisfecha de ti misma y dispondrás de más tiempo y energía.
Ya es hora de que superes tu trasnochada arrogancia y saques lustre a tu humildad, sencillez y fortaleza.
Cuando entras en tu corazón nace tu sonrisa y desaparece tu entrecejo. Te estás elevando, hay actitudes que ya no te tocan. La única que puede desembarazarse de ellas eres tú. Dales un adiós bien alto para que se den por aludidas, pégales el sello y ponles la etiqueta de urgente. No anotes el remitente.
Dirígete hacia tu etéreo trineo blanco, monta en él, despega y vuela hacia tu corazón llevada por tus resplandecientes respiraciones. Toma contacto suavemente. Desciende y dirígete a tu palco, el mejor emplazamiento para sentir al Universo. Acomódate, aquieta tu mente, siéntelo. Te atrae, te extasía tanto su excelsa magnificencia que te acercas a su pulsación, a su frecuencia, a su música. Tienes la certeza de que cada vez que bajes tu mente al corazón te habrás acercado un poco más a Su Grandeza.
Antes de terminar, quiero pedirte encarecidamente un favor: no me subas a un pedestal. Estoy a tu misma altura. Todos hemos recibido la misma cantidad de Luz. La única diferencia es la dedicación, el entusiasmo que cada uno pone en ir picando las capas que recubren su diamante interior. Todos estamos en el camino y todos llegaremos, unos antes y otros después, lo importante es llegar. Todos nos encontraremos en la Luz. Hasta la semana que viene, amigos. Desde mi corazón, luz, amor y paz.
Cantora de verdades, gracias una vez más por tus perlas. Me estimulan, me sitúan en la línea de salida.

Sé que estoy soñando, sé que el sueño es real, está sucediendo en el espacio donde me encuentro. Estoy en un lugar lleno de amor y paz. He sido invitada. Es una asamblea, una reunión de sabios. No sé si lo recordaré cuando me despierte…

Me he despertado, qué lástima, era tan interesante, me encontraba tan bien en ese lugar con los seres de luz. Intentaré dormirme de nuevo con la intención puesta en retomar el mismo sueño… De nuevo estoy soñando… no consigo retornar a la asamblea de sabios.
Me encuentro en un valle rodeado de montañas, en la cumbre más alta veo un caballo blanco con su jinete. El corcel salta al vacío y, desplegando unas bellas alas, vuela. ¡Viene hacia mí! Qué raudo, casi está llegando. ¡Lo monta una mujer! El caballo se detiene frente a mí. Ella me mira, me sonríe. Desmonta con un ágil salto, queda erguida frente a mí. Junta las palmas de las manos a la altura del corazón. Me saluda: “Me inclino ante ti reverentemente, honro al Universo de amor y paz que reside en ti. En tu centro tú y yo somos una”. Le devuelvo el saludo: “Siento una intensa dicha al reconocerte y saber que estás en mi corazón”. ¡Es mi guerrera interior, soy yo! Me ofrece un saquito, lo abro, sale luz de su interior, son cuatro centelleantes pirámides de cristal de cuarzo, es un regalo precioso. Alzo los ojos para darle las gracias, ya no está, ha desaparecido, dejando en su lugar un intenso aroma a rosas…

La traducción me está suponiendo un retiro en el piso, un tiempo de paz que me está ayudando a poner en marcha algunos proyectos de la lista de espera.
Vamos a ver… Llevé el coche al desguace. Alquilé el aparcamiento. He resistido el tirón de las tentadoras invitaciones de los del grupo, no he contestado a sus insistentes llamadas. He mantenido mis canguros con mis queridos niños y mi gente mayor, he becado a algunos, no hay mejor pago que gozar de su presencia y aprecio. Son preciosos, perciben cuándo estoy desolada y me alegran y animan.
Me siento a gusto sin necesidad de comparsas a mi alrededor que aplaudan mis gracias y mis méritos. Estoy aprendiendo a valorarme, a quererme, a tolerarme, a ser mi mejor amiga, en lugar de la acérrima enemiga de antaño que me juzgaba y subestimaba. Ya no preciso mendigar aprecio, yo me lo doy, pródigamente, sin escatimar.
Continúo haciendo mi vida más sencilla. Voy suprimiendo cosas sin sentido que malgastaban mi tiempo y energía.
Me observo durante el día, estoy atenta a mis pensamientos, palabras y acciones, esto me ayuda a reconocerme, a encontrarme, a conocer mis brillos y mis carencias.
Estoy avanzando muchos puestos en mi dominio mental, en el enfoque de mi atención… Muchos de los temas que me obcecaban los he enviado a pastar, ya no se acercan a mi mente.
Esta paz hace que afloren muchos de mis errores, he derrochado mucho tiempo, energía y amor propio intentando agradar a los demás, en lugar de emplearlos en gustarme a mí misma. Este recogimiento me está ayudando a romper con viejas costumbres que entorpecían mi avance. Estoy incorporando a mi vida nuevos aires, maneras de vivir más sentidas. He salido del bache de mi última etapa de desorientación en la que cuidé mal a mi cuerpo y mi espíritu, ofreciéndoles comidas y bebidas insanas, y compañías empobrecedoras.
Me acuesto pronto, antes me acostaba a las siete de la mañana y ahora me levanto a esa misma hora, vaya cambio. Antes me levantaba con la resaca de la juerga y me arrastraba adormilada. Ahora me levanto con la mente y el cuerpo bien despiertos y comienzo mi práctica de meditación y yoga. Tengo suerte de haber tenido que vender la tele, me anclaba al sillón y me acostaba tarde.
Dedico un espacio al día para ir reciclando el cúmulo de cosas que no empleo, papeles, cacharros, ropa… quiero ir ligera de equipaje, mantener solo lo esencial para cuidar a mi cuerpo y mi espíritu.
El tiempo que dedico a la práctica del aquietamiento mental aumenta mi paz interior y favorece mis avances en general.
Soy más libre, no bailo al son que tocan los demás, escojo mi música, mi danza, mis propios cantos.
Ani me ha regalado una música bellísima con unas voces sublimes que elevan mi alma, y me transportan a la mágica paz de mi mundo interno. La miopía a la hora de escoger mis actividades me dejaba sin tiempo para lo esencial: poner en marcha mis anhelados cambios. Tiraba los brillantes y me dedicaba a recoger guijarros. Eso ya es historia. Ahora hilo más fino.
He tomado la traducción del manuscrito como un entretenimiento, como ir encajando palabras de colores hasta completar el puzzle, en lugar de como el deber que supone un trabajo obligatorio. Traduzco relajada, con calma, me sirve de prácticas de quietud y apaciguamiento, que falta me hace.
Estoy muy contenta de encontrarme bien en casa y de sentir esta gratificante sensación de agrado y estima hacia mí misma. Qué bien, estoy aprendiendo a quedarme quieta, silenciosa, sin la mente alborotada. Ya estoy recogiendo algunos frutos.
He empezado a leer los libros de la abuela, hacía tanto que me aguardaban. Gracias, abuela, elegías bien tus libros, los hacías tus amigos. En ellos dejaste tu vibración, tu inmenso deseo de saber, tu afán por conocer las verdades, tu aspiración evolutiva, tu inmenso amor por la vida. Tu talante pervive en la música, la danza y los cantos de mi corazón. Tus enseñanzas dejaron un luminoso rastro en mí que siempre perdurará. Te quiero, abuela.
Acepto con paciencia y entereza que mis viejos hábitos tarden en desaparecer, es normal, los arrastro desde hace centurias. No adopto posiciones estrictas, exigentes, rígidas con mi manera de ser, miro hacia mi lado bueno, mis luces, que antes creía que no las tenía o estaban fundidas. He dejado de preocuparme de si los demás me aceptan o me rechazan. No me desvivo ni dejo de ser fiel a mí misma por obtener unas migajas de su aprecio, cariño, amistad, amor, aplauso… No me esfuerzo en demostrar que valgo. No me considero menos que los demás, sé que soy un ser precioso. Ya no desperdicio tiempo y energía con todo ese ajetreo. Se acabó ceder mi poder a los demás.
No me rebelo contra mis momentos de desconsuelo y tristeza desconocidos. Los reconozco, acepto y asumo, los iré sorteando como mejor pueda hasta que desaparezcan. Creo que todo lo que está en mi vida es lo mejor para mi crecimiento, pienso que sirve para afinar mi paciencia, sensibilidad, humildad, fortaleza, mi humanidad…
Estoy logrando lo inimaginable, sentirme bien en casa, conmigo misma. Las tareas que me pateaban ahora me encantan. Me merezco un “Eva, una gran ovación para ti, te estás afanando un montón en poner en marcha tus cam-bios”. Ahora tengo un buen recurso para hacer frente a mi desmesurada e imperiosa ansia de estar siempre mariposeando por la calle: me pongo música suave, apaciguadora, me siento, enderezo la espalda, cierro los ojos, empiezo a respirar por la nariz, suavemente, alargando ligeramente las inspiraciones y las espiraciones, sintiendo el gran placer de la respiración consciente que me facilita silenciar la mente y entrar en mis serenos estados del alma.

Me tomaré una pausa, le he pegado un buen tirón a la traducción, estoy saturada de palabras. Voy a ejercitar mi sonrisa, ella traerá de la mano al buen humor y la alegría. Es un truco excelente para mantener alejadas las penas. Desenfundo mi sonrisa, la mantengo en mis labios y mi corazón mientras bailo esta inspiradora música. Sonrío y vuelvo a sonreír, le saco punta a mi alegría, no me canso de sonreír. Bailan mis pies y baila la sonrisa en mis labios, está llegando hasta el último rincón de mi cuerpo, ha prendido en cada una de mis células llenándolas de euforia.
Qué bien, las sonrisas y el baile han incrementado mis endorfinas, las hormonas de la felicidad.

Gracias a mi estabilidad emocional y mi disponibilidad de tiempo he entrado en la etapa que tanto había ansiado, la de desempolvar los cambios que estaban esperando ser puestos en marcha. Los voy reuniendo, algo desordenados, en una lista, la he titulado Mis prodigiosos cambios:
Anoto mis cambios en presente en lugar de en futuro, así son más efectivos, es decir, en lugar de sonreiré más: sonrío más. En lugar de haré más ejercicio: hago más ejercicio.
Fuera apresuramientos innecesarios. Adiós a las carreras. Se acabó pensar, hacer y decir como si cada minuto fuera el último de mi vida. Voy a frenar mis irrefrenables prisas, voy a vivir la vida a sorbos, saboreándola, como si cada instante fuera de vacaciones, como una pausa continuada, inacabable… mi existencia.
Entro más en la quietud de mi corazón, para llevar a mi mente saltarina a un estado de calma, aquietado, meditativo.
Se me va cantidad de tiempo en cosas redundantes, historias superfluas e innecesarias, lo transformo en minutos libres para dedicarlos a mi crecimiento personal, a aumentar la confianza en mi misma, a mi ocio, a lo que me gusta, con lo que disfruto, con lo que avanzo…
Se acabó llenar astutamente la agenda para evitar dar cabida a los cambios que me son incómodos, que me cuestan esfuerzo.
Gano tiempo y energía dejando de pensar, hacer y decir cosas obsoletas. La manera más rápida de terminar las tareas triviales, superfluas, es dejar de hacerlas.
Deseo tener tiempo libre para poder hacer las cosas sin estar vigilando el reloj, sin cronometrar.
Se me escapa mucho tiempo inmiscuyéndome en tareas que no me incumben, regando los egos de los demás, acariciando sus oídos, engordando su presunción, para recoger algunas migajas de su estima y valoración. Otra cosa es el elogio sutil, sanador, para la persona que realmente lo necesita y que me tiende su vaso vacío de aprecio
. No muevo ni una pestaña por demostrar que “yo lo hago mejor”, que “yo tengo la razón”… a no ser que sea preciso.
Tacho de mi vocabulario “comparar, competir, discutir, juzgar, criticar, dar explicaciones innecesarias…”
De tanto en tanto iré leyendo o repasando mentalmente la lista de Mis prodigiosos cambios para que no caigan en el cajón del olvido. Estos cambios traen la felicidad a mi vida, facilitan mi avance personal y abrillantan mi antorcha. Sacuden el polvo que se me ha ido pegando a lo largo de mi andadura y despiertan el precioso ser que soy con todo lo bueno que tengo en mí.
Antes agotaba el tiempo con mis preocupaciones preferidas y lo que deseaba cambiar lo dejaba para mañana.
Adjudico a algunos cambios un espacio de realización. En lugar de anotar: Voy a dedicar un tiempo a la lectura, anoto: Voy a leer un rato después de las comidas. En lugar de: Hago ejercicio cada día, por: Al levantarme de la cama me dedico a practicar unas posturas de yoga. Así no llegaré al final del día con casi todos sin hacer, amontonados, olvidados, por el ajetreo diario.
Procuro no obligarme a estar siempre ocupada, aprovechando cada segundo, eso me enervaría. Soy generosa con mi tiempo. Uno de los motivos de Mis prodigiosos cambios es ganar tiempo para dedicarlo a mi evolución, a potenciar mi luz, a reconocerme, a mi recreo, a sentir el regalo de vivir… Me reservo espacios para ir a mi aire, suelta, relajada, a mi manera, sintiendo cómo pasa la vida sin ningún tipo de prisa u obligación, desocupada, vagando, deambulando, gastando el tiempo… ganando la paz…
Algunos cambios no requieren tiempo para integrarlos, basta con que los recuerde, los desee, tenga la fuerza de voluntad… por ejemplo: “Me levanto una hora antes. No pierdo el tiempo discutiendo. No acepto compromisos que no me apetezcan. Doy un respiro a mi estómago, no como entre comidas. Adiós al tabaco y alcohol, mi organismo se llevará una agradable sorpresa”. Con estos cambios, incluso ahorro tiempo, energía y dinero.
Expongo, comento, mis opiniones sin intentar convencer a los demás, ni a mí misma, pues puedo estar equivocada, de hecho, a medida que avanzo, la Vida va cambiando, afinando mi entendimiento de las cosas, va tachando y añadiendo, tiene una visión certera, infinitamente más afinada que la mía.
Paso de dar explicaciones de mis proyectos, de mis actividades, de por qué hago lo que hago, digo lo que digo o pienso lo que pienso. Esta decisión me supone un buen trozo de la tarta del tiempo libre.
En general, si no lo siento desde el corazón, no regalo por regalar, evito perder mi tiempo, estrujándome las ideas, dando vueltas, buscando un regalo acertado para quedar bien, para complacer el ego de los demás… y el mio. Muchos de estos regalos irán, por falta de espacio, a parar al contenedor de las basuras, qué dinero más mal gastado. El mejor obsequio es mi amistad, mí tiempo, mi amor… desde la tienda de mi corazón, un regalo valioso, no se puede encontrar ni en las grandes áreas.
No gasto ni un gramo de mi tiempo y energía queriendo demostrar mi valía.
No me lío en arrogantes discusiones, cuestiones banales, competiciones… Así no me disgusto y ahorro tiempo y energía.
Mi truco maestro para generar más tiempo libre es averiguar y borrar todo aquello que ya no me toca pensar, decir y hacer, porque lo he repetido hasta la saciedad y no me hace adelantar, más bien me atrasa.

Veré qué mensajes tengo en el buzón de las sorpresas y del escape de mi tiempo libre. Antes, lo encontraba siempre lleno de invitaciones que no sabía rechazar. Las pasaba todas a mi agenda, colapsándola de compromisos. Eso me suponía quedarme sin tiempo y dinero, y a no jugar la vida, sino a pelearla, a trotarla agobiadamente. Ahora, no contestar a las llamadas del grupo me permite trabajar en paz en la traducción y en mi avance personal.
“Tiene un mensaje nuevo”… A ver de quién es…
“Colega, te doy la noticia del año, mañana tarde, en mi choza, preestreno de mi genial talento pictórico. Cuelgo mis novísimos lienzos. Irrepetible su magnificencia. Te extasiarán. Tráete las gafas de sol. Mi nuevo estilo te puede deslumbrar. Solo para los muy allegados y compradores habituales. Voy a probar si tengo éxito de ventas exponiendo en mi estudio. Tráete comestibles y el líquido elemento para celebrarlo. Ni se te ocurra faltar, será un festín artístico. Insuperable. Corre la voz entre tus amistades adineradas que puedan ser compradores potenciales. Ponte el traje de lentejuelas para animar el evento”.
¿Yo, amigos adinerados? Vas algo desorientadillo. Mira, sin ánimo de ofender, no me apunto.

Hora de comer. ¿Qué me prepararé hoy? Algo sencillo, nutritivo, gustoso, rápido de cocinar. No abuso de lo que pasa por la sartén o la cacerola, el calor reduce, deteriora, los nutrientes. Ya lo tengo, apio, zanahorias y manzanas troceaditas y regadas con aceite de oliva o con aceite de sésamo virgen y una pizca de sal marina, acompañadas con mijo o quinoa y algas. Desde que he dejado al grupo he recuperado una cocina más natural con alimentos que aligeran mi cuerpo.
Comer, comer… Comida, hacernos contigo nos mantiene en movimiento continuo. Antes era ir tras la presa con la flecha y el arco preparados. Ahora la flecha y el arco se han convertido en el ratón y el ordenador, y la presa en el cheque a final de mes. El requisito indispensable para acceder al supermercado y al cobijo.
Comida, te dedico tanto espacio de mi día, de mi vida. Podría crecer tanto con el tiempo que empleo para ganar el dinero con que comprar los alimentos, cocinarlos, comerlos, digerirlos, lavar los platos… Comporta tanto tiempo y energía. Podría estudiar idiomas, leer… hacer tantas cosas en lugar de desarrollar las mandíbulas, pero tengo que comer. Lo que sí puedo hacer es simplificar el proceso, reducir todo ese tiempo. Comer sabiamente, lo justo para estar bien nutrida, tener menos cacharros de cocina, preparar comidas simples… La fruta es rápida, pelar y comer, el plátano es el gran invento, las zanahorias, el calabacín, los tomates… las almendras son cómodas y me proporcionan calcio.
Cada vez cuido más los alimentos que meto en mi cuer-po, escojo los más sanos y como solo lo necesario para estar en forma. Así no voy todo el día sonámbula gastando las energías que necesito para hacer cosas en hacer la digestión. Seré inteligente y no me atiborraré de alimentos incompatibles que alarguen mis digestiones reteniendo en mi estómago el oxígeno que debería estar en mi cerebro creando bellas ideas.
Antes mezclaba fruta dulce con ácida, desconocía que eran incompatibles. Iba todo el día hinchada de aires, con lo molestos que son. Tomo la fruta por la mañana, he leído que detrás de las comidas, tomada como postre, es incompatible, a excepción de la manzana que es considerada neutra.
Me he acostumbrado a distanciar las comidas para permitir al estómago finalizar la digestión antes de recibir otra carga de trabajo. Las digestiones lentas y largas cansan mi cuerpo y mi mente. Dibujan una expresión de abatimiento y tristeza en mi rostro, ojos cansinos y facciones lánguidas. Los alimentos densos bajan la vibración del diapasón que es mi cuerpo.
Los libros de alimentación sana de la abuela me están abriendo los ojos. Siempre me decía “Evi, eres lo que comes”. Están contribuyendo a que ponga al día la saludable dieta alimenticia a la que me acostumbró y que olvidé al salir con el grupo. Se atiborraban de comida basura. No se preocupaban lo más mínimo del tema, se guaseaban de mi cuidado por lo que comía. Al final, harta de sus burlas y sus criticas engullía lo mismo que ellos, les cedí mi poder.
Si me hubiese comunicado con una de mis millones de células cuando salía con el grupo, seguramente hubiese escuchado:
-Trabajo para ti Eva, mi jornada es de 24 horas, los 365 días del año. Tengo una queja: me estás ahogando con el humo de tu tabaco, con el alcohol de tus bebidas, con tu comida basura. Si sigues así, sin cuidarme, enfermaré. Te quiero, a pesar de que nunca me has dado las gracias por trabajar para ti.
-Te pido disculpas, amiga célula, tienes toda la razón. Mi agradecimiento profundo desde el amor de mi corazón para ti y tus millones de compañeras por todos vuestros desvelos por cuidar de mi cuerpo, de nuestro cuerpo. Gracias a él, mi espíritu puede seguir aprendiendo sus lecciones en este planeta azul. Como disculpa, os pondré música relajante para llenaros con sus apaciguadoras energías. La iré tarareando. Afinaré mi voz. Espero que la disfrutéis.
Te amo, mi apreciado cuerpo. A partir de ahora te lo diré más a menudo. Sé que cada vez que lo escuchas aumenta tu salud y juventud.

Basta de traducción, tengo los ojos cansados. Pondré música y me dejaré llevar por su ritmo. A ver qué pongo… esta es muy buena. Te dejo libre, cuerpecito mío, muévete como tú sientas, masajeando con tu movimiento sanador y equilibrador aquellos órganos donde las energías estén bloqueadas. Te cedo las riendas, dirige tú, conoces el tema mejor que yo, marca tú el paso, yo soy tu pareja. ¡Qué cánticos más sublimes, qué placer, cómo elevan mi espíritu! Es un excelente ejercicio para mi cuerpo y mi alma.

Tengo un mensaje, a ver de quién es…
-Hola, Evita, soy Isa, estoy otra vez a cero, no consigo controlar mi economía. Los vecinos han sido solidarios y me han ofrecido la limpieza de la escalera, así y todo, no me llega. ¿Te va un trueque? Canguro de mi niñito por croquetas a discreción, sin límite. De las que te gustan.
Sería el próximo sábado noche. Ya me dirás algo. Besos. Cuídate. Claro que sí, solo faltan dos días para el banquetazo de croquetas, son las mejores del mundo y su bebé un ángel.

En lugar de estar siempre pensando en lo que me falta, debería repasar todo aquello que tengo y agradecérselo a la vida. Vale. ¿Por qué no lo hago ahora? Este es un buen momento para el tiempo de los agradecimientos.
Gracias, a los que sabéis más que yo. Os agradezco los momentos que camináis junto a mí, sirviéndome de espejo, descubriéndome lo que puedo mejorar en mí, aunque me escueza. Así también seré un buen ejemplo para los demás.
Gracias, antepasados, he alcanzado mi actual evolución por vuestro tesón. Todos vuestros esfuerzos y bríos de cambio, de aprendizaje, de perfeccionamiento físico y mental, me los habéis pasado por correo genético.
Gracias, Vida, por haber marcado en mi corazón lo que es valioso para mí. Sin influencias externas de mercado. Sin códigos de barras. Sin medir la importancia de las cosas por su tintineo. Lo mejor de la vida es gratuito, el aroma y la belleza de una flor, sentir la caricia de la brisa, una mirada de reconocimiento…
Gracias, ascensor, me evitaste subir los nueve pisos por la escalera cuando me torcí el pie. Y ahora que voy a pasar por delante del conserje le voy a dar también las gracias… no, no puedo, es superior a mis fuerzas, todavía me cae fatal, lo dejaré para la próxima vez, quizás ya lo habré superado.
-Buenos días.
-Buenos días, señorita Eva, lleva una…
Lo he dejado con la palabra en la boca, me iba a lanzar otra de las groserías que consiguen sacarme de quicio. He pasado por su lado como una exhalación. Su guasa, sus sandeces y sus cínicas majaderías me revuelven el estómago, no las puedo aguantar. De todas maneras, gracias Vida, por ponerme la lección del conserje, sé que es para que trabaje mi paciencia y mi mal genio, él es el termómetro que mide mis grados de intolerancia.
Ahora parece que nos llevamos algo mejor, desde lo del cubo de agua. Todavía se está secando, no me pude contener, desde entonces es mucho más cauto con lo que me dice, se lo piensa dos veces, cuando puede controlar su espíritu burlón y entrometido.

Me he despertado llorando, emocionada. ¡Qué dos sueños más bonitos he tenido esta noche!
Delante de mí apareció un ser rodeado de una aureola resplandeciente, sobre su hombro estaba posada una paloma blanca. Con el índice materializó una estrellita en el aire que despedía destellos dorados, la paloma la tomó con su pico, revoloteó sobre mí y la posó suavemente sobre mi cabeza, una calidez me recorrió el cuerpo, despertando mi fuerza.
El segundo también me ha emocionado mucho. Aparcó frente a mí un coche descapotable de color dorado metálico, se apeó un hombre y cogió un enorme ramo de margaritas amarillas del asiento trasero, se acercó y me lo ofreció, la grandiosidad del ramo le ocultaba la cara. Sentí sus efluvios de amor, cómo su espíritu abrazaba cálidamente al mío. Me llegaron sus pensamientos: "Nos veremos pronto. Seremos cuatro. Te quiero, Eva”.

Llaman al teléfono, es el número de Ros.
-Hola, Ros.
-Hola, Eva, mira, te llamo para saber si te va bien hacer de canguro de mis niños esta noche a partir de las ocho, quizás hasta las dos. Tengo una cita importante, estoy como una niña con zapatos nuevos, luego te cuento, tengo la comida en el fuego y los niños están muy alborotados.
-Sí, me va bien, estaré ahí desde las ocho hasta la hora que regreses.
-Puedes cenar aquí, te prepararé alguna exquisitez de las que te gustan.
-Vale, ya me estoy relamiendo. No te molestes mucho si vas justa de tiempo con un bocadillo puedo pasar.
-No te preocupes, me llevo bien con el tiempo. Hasta luego, Eva. Gracias.
-Nos vemos, Ros.
Qué persona más maravillosa es Ros, y sus niños son unos seres preciosos.

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